Municipalismo Libertario

El municipalismo libertario es una idea de organización política basada en la idea anárquica de comunidades descentralizadas, gestionadas a través del colectivo, a través de mecanismos de democracia directa y la articulación de confederaciones de municipalidades como alternativa al Estado centralizado. Este ideario fue esbozado por Murray Bookchin, influenciado por trabajos de autores clásicos anarquistas como Proudhon y Kröpotkin y de la tradición localista y municipalista, asumiendo a la municipalidad como el fundamento de una sociedad liberadora, bajo los principios de autoformación y autogestión, la complementariedad y el apoyo mutuo, y el rechazo a los principios jerárquicos y estatales de dominación.

Estas tesis anticipan la posibilidad de un verdadero municipalismo libertario y una política nueva que articula el poder en base a las asambleas y las formas confederales frente al Estado.

Contenido:

1. LOS ORÍGENES DEL MUNICIPALISMO MODERNO
2. PRINCIPIOS DEL MUNICIPALISMO
2.1. La municipalidad como base
2.2. La democracia directa
2.3. La autogestión
2.4. El confederalismo
3. EL CONFEDERALISMO
3.1. Historia
3.2. Organización confederal
3.3. Hacer política frente administrar
3.4. Referéndums confederales
3.5. Supremacía de la asamblea
4. REFERENCIAS

1. LOS ORÍGENES DEL MUNICIPALISMO MODERNO

El municipalismo, es una figura político territorial que tiene su Origen en la historia Romana. Este se consolida como forma de gobierno urbano. Más adelante, el Imperio expande sus fronteras, encargándose de distribuirlo para facilitar su administración.

En el caso de España, las zonas conquistadas se convirtieron en ciudades clasificadas de diferentes maneras dependiendo de su función, resistencia, etc. Tras un largo proceso de romanización, las estructuras políticas se van transformando, dando lugar a colonias o municipios. Estos municipios formaban comunidades con un alto grado de autonomía y a las cuales se les concedió el privilegio de la ciudadanía romana. Estas ciudades renunciaron a su derecho a la soberanía. De la administración y autogestión de estos territorios surgen leyes que hoy en día nos permiten conocer la organización municipal. Tras un lago proceso de crisis, los Municipios entran en decadencia, y llegan a su fin con las invasiones germánicas que se dan en el Siglo III. Las ciudades fueron abandonadas al carecer de organización militar, y se produce un desplazamiento masivo hacia el campo. Se produjo una rotura de la ciudad, que ayudó a la extinción de lo que se conocía como municipio romano (García de Enterría, 1960).

Desarticulado el Imperio romano, los visigodos tomaran las riendas, seguidos de los musulmanes siglos después. Ya desde los visigodos, una política monárquica centralizadora surge, anulando asambleas abiertas por el intervencionismo regio. “En los municipios de realengo, en concreto, existió siempre algún representando o funcionario real limitador de la autonomía municipal” Alfonso XI (1312-1350). A partir del siglo VI la política de ventas convirtió a los municipios en oligarquías locales. Tras años de cambios, no es hasta el siglo XVII cuando se desintegran los municipios disponiendo de ellos patrimonialmente, vendiendo los cargos municipales. Tras la revolución, la emancipación política del municipio de la monarquía absoluta y del poder señorial estaba más que garantizada. Pero en el ámbito económico iba al revés de uno de los grandes objetivos de dicha revolución: la mercantilización de la tierra. Ya en el siglo XVIII, la segunda necesidad del municipio, la de su autonomía, sale a la luz al preguntarse el por qué la soberanía llevaba al centralismo, y la dependencia de los pueblos al poder central del Estado (García de Enterría, 1960).

Todo esto se remite al hecho de que la Constitución de Cádiz compartía que solo se le atribuía entidad administrativa, instrumental. No podían así los constituyentes de Cádiz ver que, sin someterse al poder ejecutivo del Estado, los ciudadanos de los municipios habrían realizado un ejercicio de soberanía nacional. El centralismo ultra llega a España en el año 1845, por la que se nombran al alcalde en todas las capitales de provincias y demás públicos. “Los municipios tienen en todo lo municipal autonomía administrativa, económica y política. Nombrarán también por sufragio universal sus gobiernos o sus alcaldes, que ejercerán el Poder ejecutivo municipal.” García de Enterría, 1960: 93).

Vuelta a la dinastía, la democracia en el municipio dependía de su implantación en todo el Estado. El movimiento democrático se expresa por primera vez en el levantamiento contra la ley municipal. Tras ella no se pudo regir el modelo más completo de democracia municipal. Pero las causas reales de la degradación del municipio en la Restauración son la oligarquía y la caciquil, tanto en el Estado como en la Sociedad. “Oligarcas y caciques aparecen como estranguladores en la vida municipal, los primeros exigiendo a los segundos los votos suficientes para dominar la representación nacional en las Cortes; y en pago de esta prestación, exigiendo a su vez segundos a los primeros el libre manejo de la administración municipal, hasta el extremo de que nada se haga en ella sin su asentamiento y con miras, naturalmente, de egoísmo y provecho particularísimo” (Sánchez de Toca en el código de reforma de la ley provincial y municipal del 1981) García de Enterría, 1960: 97).
La cuestión municipal en la constitución, y tras caer la dictadura, se trató por primera vez la autonomía y democracia municipal rigurosamente. “Todos los municipios de la República serán autónomos en las materias de su competencia y elegirán sus Ayuntamientos por sufragio universal, igual, directo y secreto. Los alcaldes serán designados siempre por elección directa del pueblo o por el Ayuntamiento” García de Enterría, 1960: 103).

2. PRINCIPIOS DEL MUNICIPALISMO

2.1. La municipalidad como base

La unidad política sobre la que se fundamentan las tesis municipalistas es la comuna, entendida como municipalidad o ciudad. Según esta concepción la municipalidad debe pasar de ejercer un papel meramente económico o administrativo a un centro de implosión, que avive las comunicaciones sociales en su seno y el acercamiento entre esta y sus miembros, transformando a la población en un cuerpo político de ciudadanos unidos por los valores éticos basados en la razón (Bookchin, 2014).

La ciudad no es congruente con el Estado. Ciudad y estado tienen orígenes en la Historia muy diferenciados y han ejercido papeles muy distintos. El Estado penetra en todos los aspectos de la vida social y cotidiana, desde la familia al lugar de trabajo, desde las agrupaciones civiles a las municipalidades, lo que en la práctica implica un dominio y control absoluto (Bookchin, 2014). El surgimiento de la ciudad ofrece distintos grados de desarrollo, abre la posibilidad de un espacio libre para el desarrollo del civismo, dejando atrás los vínculos tradicionales de sangre y parentesco. Al mismo tiempo ofrece la gestión del poder por un cuerpo de ciudadanos libres, una posibilidad de política diferente a lo estrictamente social y al estatalismo.

La pequeña comunidad como elemento central se fundamenta en la idea de que la democracia comienza por lo próximo. En la actualidad, la política local, las instituciones de democracia participativa y las candidaturas ciudadanas son algunos conceptos que se han atribuido al nombre de municipalismo. Cada vez son más frecuentes pequeñas agrupaciones de vecinos que se organizan para cambiar la política de su ciudad. Surgen así proyectos políticos de gobierno que se oponen a la concepción tradicional de partido, a las grandes organizaciones estructuradas en base a una ideología y una organización jerárquica. Su propósito no es otro que devolver la correspondencia entre gobernantes y gobernados sobre la que se fundamenta la democracia, lo que se puede resumir bajo el término autogobierno (Observatorio Metropolitano, 2014).

2.2. La democracia directa

El municipalismo libertario rechaza la concepción de los habitantes de la urbe como simple electorado, votantes o criaturas del Estado, del pueblo cuya única función política es elegir delegados. Frente a ello propone la estructuración de los ciudadanos en asambleas dotadas de poder real, formando un cuerpo político donde sea central el debate y la confrontación de ideas, la participación racional, la libertad de expresión, y las fórmulas democráticas en su máxima expresión como forma de tomar las decisiones pacíficamente y cara a cara (Bookchin, 2014). Para que estas asambleas se articulen y además funcionen, jugaría un papel central la formación del ciudadano y el carácter educacional de la política.

Toma las tesis de Rousseau que planteaba que el poder popular no se puede delegar sin que ello suponga su destrucción. Si no es una asamblea popular la que ejerza todos los poderes, esos poderes los ejercerá el Estado (Bookchin, 2014). Según esta concepción la democracia representativa es una contradicción terminológica en sí misma. La superioridad de la asamblea como fuente de poder político por encima de cualquier otro ente burocrático, es la única solución a que prevalezca la política democrática frente al estatalismo.

Actualizada a nuestro tiempo, la propuesta municipalista se fundamenta en la hipótesis de que si tomamos la institución que resulta más cercana a los ciudadanos, es decir, los municipios, y los convertimos en el ámbito de decisión directa, se puede llegar a una democracia real. Para ello habría que instituir nuevas asambleas ciudadanas con poderes y competencias reales. De acuerdo a esto, es un requisito necesario desalojas a la clase política previamente, a la que se identifica como clase corrupta y cómplice de los oligarcas (Observatorio Metropolitano, 2014).

2.3. La autogestión

A pesar de su gran diversidad de significados, la autogestión ha estado relacionada con la idea de progreso técnico; que a esta conexión no se le ha prestado la atención específica que merecería (Bookchin, 1986).

La “gestión” prevalece sobre el “auto”, con ello la administración asume el control sobre el individuo. Estas influencias sobre el hombre tienen que ser sustituidas por virtudes administrativas, promoviendo la autogestión con fines de libertad. Con ello la misma sociedad afirma la colectividad del hombre proponiendo los términos para quien quiere sustituirlo por una sociedad más libre (Bookchin, 1986).

El concepto de autogestión nos demuestra que no es capaz de poner a discusión sus propias premisas tecnológicas, pues las técnicas actuales pueden continuar siendo las mismas si los hombres que las controlan, no las cambian profundamente (Bookchin, 1986).
Si sacamos de su contexto social la tecnología, tenderá a prevalecer lo funcional. Existirán las tecnologías buenas y malas, dependiendo de la valoración de la técnica. Si el trabajo de gestión se limita a ser colectivizado, en vez de transformarse, se convertirá en un objeto privado, de todo valor (Bookchin, 1986).

Las nuevas tecnologías pueden caer en el error de la centralización corporativa. No existe una interpretación de las nuevas vías, quizá estemos asistiendo a la integración de la tecnología popular en una sociedad tecnocrática, pero, tal vez estamos controlados por fuerzas superiores (Bookchin, 1986).

3. EL CONFEDERALISMO

Se entiende por confederación una red en la que varias entidades políticas se asocian para formar un mayor conjunto, manteniendo su libertad e identidad y su soberanía (Biehl, 2009: 109).

El gobierno central, que por ejemplo es el que existe actualmente en España, en una confederación es reemplazado por un congreso de delegados que se encargan de “coordinar políticas y prácticas de las comunidades miembros” (Biehl, 2009: 109).

¿Quién nombra a los delegados? Los nombra la asamblea de su municipio. Los delegados no serían los representantes del pueblo, sino que su función sería delegar la voluntad del municipio a nivel federal.

3.1. Historia

La elaboración de las confederaciones no es algo actual, es más, todo lo contrario. Las confederaciones adquieren relevante importancia ya que fueron una alternativa al Estado-nación. Cuando las ciudades sufrían abusos del Estado, se unieron formando confederaciones (Biehl, 2009: 110).

Hay que mencionar Suiza y Castilla (España), ya que son dos casos importantes de este ejemplo. De Suiza hay que destacar el confederalismo histórico. En el siglo XVI surgió el Estado libre, que estaba compuesto por tres ligas confederales. Éstas ligas hacían “asambleas municipales”. Había un “gobierno” central que era una comisión formada por los que mandaban dentro de cada liga y también una asamblea electiva donde proponían los referéndums y llevaban a cabo la voluntad de comunas. Las propias comunas eran las que decidían sobre distintos temas (guerra, paz, etc.), por tanto, el gobierno central no tenía poder, mientras que las comunas sí (Biehl, 2009: 112).

En Castilla (S.XVI) el confederalismo formaba parte de la lucha revolucionaria. Las ciudades en Castilla se unieron para formar un frente común en contra del gobierno real. Surge la junta nacional (similar a un consejo confederal) y de esta manera aparece un nuevo poder en contra de la administración real. Los ciudadanos se reunieron y formaron una junta comunera, cuyos objetivos eran la democracia municipal y unas Cortes formadas por delegaciones de las ciudades con límites para la autoridad. Finalmente, el Estado se impuso a la confederación cuando el rey derrotó a los comuneros militarmente (Biehl, 2009: 113).

3.2. Organización confederal

Las asambleas municipales elegirán a sus delegados y así formar un consejo confederal, como ocurre por ejemplo en Suiza. Además, los delegados tienen que votar de acuerdo con las decisiones de los municipios, no pudiendo tomar sus propias decisiones políticas, siendo responsables ante la asamblea de los ciudadanos (Biehl, 2009).

3.3.Hacer política frente administrar

Importante para el municipalismo es distinguir entre hacer política y administrar. Son los ciudadanos los que en sus asambleas hacen la política: deliberan, deciden y acuerdan.

En un gobierno de un municipio, muchas de las decisiones que se adoptan requieren que aquellos que las adoptan tengan en cuenta multitud de factores complejos, con lo cual, el conocimiento técnico no es preciso para tomar decisiones políticas. Los temas técnicos se presentarán claros y accesibles para que cualquier ciudadano tome decisiones políticas sobre ellos. Es bueno que los administradores tomen sólo decisiones administrativas y no políticas (Biehl, 2009).

3.4. Referéndums confederales

Hacer política es un privilegio exclusivo de la asamblea municipal. las funciones del consejo confederal son solo administrativas y llevan a efecto las políticas que los municipios adoptan (Biehl, 2009).

3.5. Supremacía de la asamblea

Los municipios tienen un poder de evitar que uno de estos en concreto realice daño moral o físico a otros pueblos o ciudades. Serían los municipios en conjunto los encargados de determinar la política. La confederación de municipios está basada en una plena responsabilidad de los delegados, con ello, la confederación uniría la toma de decisiones democrática y municipal con la administración (Biehl, 2009: 117).

4. VÉASE TAMBIÉN

• Anarquismo
• Cantonalismo
• Confederalismo democrático
• Democracia directa
• Democracia participativa
• Ecología social
• Murray Bookchin

5. REFERENCIAS

1. Bookchin, M. (1984) “Seis tesis sobre municipalismo libertario”.
2. Bookchin, M. (julio – agosto 1984) “Autogestión y nueva tecnología”. En Revista Comunidad, Nº 53-54. Montevideo. Uruguay.
3. Observatorio Metropolitano (mayo 2014) “La apuesta municipalista. La democracia empieza por lo cercano”. Madrid: Traficantes de Sueños.
4. Biehl, J. (2009) “Las políticas de le Ecología Social. Municipalismo Libertario”. Barcelona: Virus editorial.
5. García de Enterría, E. (1960) “Turgot y los orígenes del municipalismo moderno”. En Revista de administración pública. Nº 33, pp. 79-110.

Autores:

Cecilia Celis
Diego Lousa
Lidia Palancar

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