Ludismo

El ludismo fue un movimiento social del siglo XIX que se caracterizó por los ataques de obreros a las máquinas de las fábricas e industrias como forma de expresión de su rechazo a la maquinización de sus puestos de trabajo. La movilización se originó y fue especialmente relevante en Inglaterra, aunque posteriormente se expandió por España, Alemania y Francia.

Contenido:

1. Contenido histórico
1.1 Revolución industrial
1.2 Cuestión social
1.2.1 Contexto social
1.2.2 Problema social
2. Movimiento
2.1 Orígenes
2.2 Pensamiento ludita
3. Movimientos posteriores: sindicalismo
4. Véase también
5. Referencias

1. CONTEXTO HISTÓRICO

1.1. Revolución industrial.

En el marco del auge liberal y el énfasis en el individualismo, la propiedad privada, el laissez faire y la mínima intervención estatal, la Revolución Industrial tuvo una enorme repercusión en la economía al introducir un modelo de sistema productivo que acentuaba, en un sentido técnico, la división del trabajo (Rodríguez, 1997: 242). Así mismo, junto a la aparición de nuevos inventos, la esencia de la Revolución Industrial residió en la aplicación de esos avances en la industria, como por ejemplo la máquina de vapor, la máquina de hilar o la lanzadera volante. Estos avances están directamente relacionados con la generación del movimiento ludita, pues la mejora en la producción industrial chocó con el modelo de producción artesanal. Este último, mucho menos eficiente, sufrió las consecuencias de la alta competitividad de las fábricas e industrias.

1.2. Cuestión social.

1.2.1. Contexto social.

Los vertiginosos cambios promovidos por la modernidad, el capitalismo, el liberalismo y la Revolución Industrial; significaron para las sociedades europeas, que hasta el momento se venían configurando en pequeños grupos poblacionales, un cambio repentino ante la generación de grandes ciudades, despoblándose los campos (Íñigo, 2012:188). Si bien estos cambios fueron relevantes, hay que matizarlos con la presencia de elementos premodernos o procesos que se habían ido desarrollando paulatinamente, como fue la presencia de empleados asalariados que ya trabajaban en manufacturas, aún sin la generalización del maquinismo (Íñigo, 2012:191).
El éxodo a las grandes ciudades estuvo especialmente acentuado en Reino Unido, a diferencia de Francia, Países Bajos o Estados Unidos. En el caso de Francia, el predominio de la propiedad agraria continuó; y en el caso de Países Bajos y Estados Unidos, se mantuvo la importancia del trabajo doméstico campesino (Iñigo, 2012:194). Toma, pues, especial relevancia el caso de Reino Unido, país clave a la hora de hablar del movimiento ludita. Allí, si bien hasta finales del siglo XVIII el éxodo a las ciudades fue contenido por el trabajo doméstico en hogares campesinos, hubo un aumento de la demanda en los comercios del tejido, lo que significó que la oferta se trasladara a las grandes fábricas urbanas, despoblándose el campo.

1.2.2. Problema social.

La situación de los obreros en el contexto de la Revolución Industrial se caracterizaba por largas jornadas de más de 15 horas, salarios de subsistencia, hacinamiento en los barrios, insalubridad en los hogares y puestos de trabajos, ausencia de protección social y trabajo infantil. Íñigo Fernández habla de dos corrientes de historiadores que discuten si la situación de la Revolución Industrial fue peor a la de periodos anteriores, o si por el contrario se mantuvo o incluso mejoró en algunos sentidos. Lo más factible es la idea de que inicialmente la situación empeorase, pero a largo plazo se logró una mejora de salarios y disminución de jornada (Íñigo, 2012:199). En cualquier caso la situación de la clase trabajadora era de gran preocupación, como quedó patente en el desarrollo posterior de los hechos, más aun ante la amenaza de que las máquinas les quitaran su único medio de subsistencia.

2. MOVIMIENTO

2.1. Orígenes.

Generalmente se define movimiento ludita, el cual tiene sus orígenes a finales del siglo XVIII y se desarrolla en el siglo XIX, al movimiento social caracterizado por llevar a cabo ataques contra las máquinas de las fabricas e industrias por parte de obreros. Tal reacción al maquinismo industrial se debió a la idea de que su utilización en la producción hacía peligrar los puestos de trabajo. Esto, sumado a la precaria situación de la clase obrera, generó esta respuesta violenta y desorganizada en distintas ciudades, principalmente inglesas, contra determinados sectores industriales.

El término tendría su origen en el mito de Ned Ludd (o General Ludd), el cual habría protagonizado la destrucción de telares en Leicester en 1779. También hay indicios de haberse producido hechos similares en pequeños talleres textiles en Norwick y en Nottingham en 1783. La asimilación y expansión de este relato, gracias a la propagación mediante periódicos y la transmisión oral, permitió que el movimiento adquiriera fuerza y se extendiera. Así, en la segunda década del siglo XIX hubo una serie de oleadas luditas en Nottinghamshire, que empezaron en marzo de 1811 y continuaron eventualmente hasta marzo de 1812 (Navickas, 2005: 282), y de manera más esporádica posteriormente. Sus actividades, más allá de la destrucción y saqueo, llegaron a la agresión de los ingenieros, culpándolos de la creación de las máquinas (Íñigo, 2012: 202).

En relación con el contexto legal, es interesante observar que ante los Strike Works se respondiera tan fervientemente mediante legislación prohibitiva y aplicación estricta por parte de los jueces (Rodríguez, 1997: 243). Dicha reacción relaciona la desorganizada acción ludita, por la falta de sólidos precedentes, con la falta de cauces legales, fomentando aún más la lucha descontrolada (muriendo en 1819 en Manchester once personas por la confrontación).

Tales grupos de obreros lograron suficiente presencia como para comenzar a imponer reglas relativas al empleo y salario (por ejemplo, destruyendo telares y herramientas de trabajo si el patrono empleaba a alguien que no fuera de su grupo) (Carro, 1977: 228).

Los ataques también se produjeron en Francia y en otras partes de Europa. Por ejemplo, en España se dieron acciones luditas en Alcoy, Barcelona y Camprodón. Destaca el incendio de la fábrica Bonaplata en 1835 y la destrucción de las selfactinas (máquinas para hilar) en 1855 (Sarsaneda, 2015: 63).

El movimiento no tuvo una larga duración, a pesar de salir a la luz por la guerra y las carencias del marco legal acerca de los conflictos de empresarios y trabajadores. Así, el ludismo también se entiende dentro de un contexto social de frustración frente a la hostilidad de los fabricantes y las nuevas demandas de reformas. Pero tan pronto como apareció se fue diluyendo al combinarse su limitada organización, su carencia de consolidación ideológica y sus esporádicas y descoordinadas acciones, con los nuevos cambios (como la aparición de la Combination Acts en 1799 y de la Union Trade). Sin embargo sí sirvió como precedente a la conformación de los primeros sindicatos.

2.2. El pensamiento ludita.

Para comprender el pensamiento ludita, aparte de los sucesos hay que atender al contexto histórico. El nuevo contexto moderno, la Revolución Industrial, los grandes avances tecnológicos e industriales y la pésima situación social obrera, muestran que visión podían tener los trabajadores respecto de la automatización del trabajo. El miedo principal de los luditas era la pérdida de sus puestos de trabajo, los cuales iban siendo ocupados por máquinas que abarataban el costo y multiplicaban la producción, haciendo prescindir de los trabajadores, que aparecían como un factor inseguro y menos eficiente.

Este miedo se proyectaba en la visión de las máquinas como un peligro que comprometía los trabajos, así como el sueldo. Además hay que sumarle la extrema precariedad de las condiciones laborales por la falta de regulación, que se veía impedida por las ideas liberales de mínima intervención del Estado. Tampoco había precedente alguno de sindicalismo, por lo cual el movimiento se generó de una manera muy poco organizada, siendo sus actos operaciones al margen de la ley que atentaban contra la propiedad de los empresarios. Así, su único recurso de presión era la destrucción de las máquinas, lo cual les dio cierto margen de negociación para hacer ciertas imposiciones.

Según Mesado cabrían dos interpretaciones: la de un movimiento que teme al trabajo, o la de un movimiento que rechaza un modo concreto de producción (Mesado, 1994). En cualquier caso, era una respuesta espontánea y conservadora de la situación anterior a la Revolución Industrial (Iñígo, 2012: 202). El rechazo también se relacionaría con la supresión del elemento artístico artesanal en los telares (Mesado: 1994).

Pero independientemente de estas razones, el ludismo careció como movimiento de unos objetivos y una organización clara, identificándose con la propagación oral o escrita y el secretismo de sus acciones. A pesar de ello, si bien se desarrolló durante un periodo corto, pudo mantenerse a lo largo de varios ataques, incluidas las amenazas a magistrados, encontrando su fortaleza en las fuerzas irracionales compartidas por sus miembros en el discurso (Navickas, 2005: 281).
Según (Navickas, 2005: 282) cabrían además otras dos interpretaciones extremas del movimiento: una de un movimiento revolucionario y expansivo; y otra de un movimiento apolítico, limitado y reaccionario. Aunque también hay interpretaciones moderadas que combinan activismo, elementos revolucionarios y otros cercanos al sindicalismo.

De forma que el movimiento no era radicalmente ideológico, si bien desafió el orden y se configuró con una acción local basada en el vecindario, teniendo en cuenta las cuestiones nacionales e internacionales. Esta perspectiva nos muestra que no fue una mera reacción ante el mecanismo de la Revolución Industrial sino que es más cercano a un desesperado precedente al sindicalismo, el cual sí se configuraría sólidamente en cuanto a organización, objetivos e ideología, con una identidad propia basada en el obrerismo.

3. MOVIMIENTOS POSTERIORES: SINDICALISMO

Si bien el ludismo fue un movimiento fugaz y sus efectos en la práctica no ayudaron directamente a cambiar la situación de los obreros, fue un precedente casi inmediato de un movimiento más organizado, relativo al asociacionismo y a nuevas leyes de todo tipo (en cuanto a derechos políticos, derechos laborales, etc.) Así, pronto se formaron uniones entre clases medias y bajas frente a la exclusión del sufragio y los problemas sociales, lo cual derivó en el Cartismo, que exigía el voto de varones mayores de 21 años (Iñigo, 2012: 202-203); mientras que los obreros continuarían a través del sindicalismo, por ejemplo con la creación de trade unions en Gran Bretaña. Hay, sin embargo, quienes objetan que el asociacionismo surgió realmente por la sociedad industrial y se remiten incluso al Antiguo Régimen (Rodríguez, 1997: 242).
Si bien se les suele asocias a un movimiento de los obreros, este pareciera ser que estaba más relacionado con los trabajadores más cualificados, con una especie de aristocracia obrera (Iñigo. 2012: 204). Como sea, no fue hasta pasado la mitad del siglo XIX, con muchos problemas por la oficialidad de los sindicatos y patronales, y mucha represión contra ellos, que provocara cierta atomización, hasta que no se consagro mediante la aparición del Trade Union Congress y, posteriormente, la Trade Union Act de 1876 (Rodríguez, 1997: 244-245)

4. VÉASE TAMBIÉN

• Movimientos sociales
• Revolución industrial
• Sindicalismo
• Tecnología

5. REFERENCIAS

1- Carro Igelmo, A. J. (1977). Historia Social del Trabajo. Barcelona: Bosch.
2-Guillem Mesado, J. M. (1994). Los movimientos sociales en las sociedades industriales. Madrid: Eudema S.A.
3- Iñigo Fernandez, L. E. (2012). Breve historia de la revolución industrial. Madrid: Ediciones Nowtilus.
4- Navickas, K. (2005): “The search for General Ludd: the mythology of Luddism”, en Social history, Vol. 30, Nº 3: 281-295.
5- Rodríguez Labandeira, J. (1997). “Relaciones laborales y asociacionismo obrero”, en Alonso Paredes, J. (coord.), Historia universal del mundo contemporáneo. Madrid: Tempo.
6- Sarsaneda, Anna (2015). La filosofía de la tecnología. Barcelona: UOC.

Autores:

Santiago Casado Gómez
Beatriz Sánchez González
Emmanuel Ventura Lafilolie
Felipe Zamora Salazar

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