Democracia deliberativa

Concepto

La democracia deliberativa “designa un modelo normativo que busca complementar la noción de democracia representativa al uso mediante la adopción de un procedimiento colectivo de toma de decisiones políticas que incluya la participación activa de todos los potencialmente afectados por tales decisiones, y que estaría basado en el principio de la deliberación, que implica la argumentación y discusión pública de las diversas propuestas” (VELASCO, 2009).

1. OBJETIVOS Y CARACTERÍSTICAS

El objetivo primordial de la democracia deliberativa es la mejora de la calidad democrática. Así pues, sus características se identifican con aquellas formas de participación que aumentan la inclusión del ciudadano en la toma de decisiones políticas, es decir, que contribuyen a su participación real y efectiva dentro del sistema democrático. De este modo, distinguimos:

1. Instituciones de la democracia deliberativa: encuestas deliberativas, días de deliberación, jurados de ciudadanos
2. Iniciativas de administración electrónica
3. Programas de democracia electrónica
4. Análisis de grupo y creación de propuestas políticas
5. Deliberación en la vida pública
6. Nuevos usos de referendos vinculados a las encuestas deliberativas

Por consiguiente, las características de la democracia deliberativa hacen referencia a alternativas que fomenten la deliberación y la justificación públicas en la toma de decisiones políticas, incentivando el crecimiento de las redes de conversación política entre representantes y representados para disminuir la distancia entre ambos. Mediante la inclusión de nuevas posibilidades de participación ciudadana se hace patente la renovación de la democracia representativa, que evoluciona hacia una democracia participativa, radical y deliberativa. Se produce, así, una superación del elitismo democrático.

2. INSTITUCIONES DE LA DEMOCRACIA DELIBERATIVA

La democracia deliberativa rechaza el concepto agregativo del bien público, como la suma de preferencias privadas, que impera en las formas existentes de democracia liberal. Existen numerosas propuestas en forma de estructuras institucionales que persiguen el enriquecimiento de los procedimientos democráticos actuales y la mejora de la democracia. Asimismo, se aboga por la inclusión de los ciudadanos como titulares del poder soberano, cuyas preferencias e intereses deben legitimar el ejercicio de la toma de decisiones políticas por parte de los representantes.

• Encuestas deliberativas y días de deliberación.
• Jurados de ciudadanos
• Ampliar los mecanismos de información y comunicación de los ciudadanos
• Educación cívica y financiación pública de organismos deliberativos

3. DEFENSORES

La democracia deliberativa es definida, defendida e incluso rebatida por gran parte de los mayores exponentes de la teoría política contemporánea: Held, Manin, Fishkin, Habermas, Elster, Stokes, etc.. La mayoría de ellos, en su visión democrática de la política, observan numerosas ventajas en este modelo, considerándolo como beneficioso para la sociedad política y, especialmente, para los ciudadanos.

Entre los defensores de la democracia deliberativa destaca Jürgen Habermas que, en Derechos humanos y soberanía popular. Las versiones liberal y republicana, propone una alternativa meritoria que vincula la deliberación al proceso de formación de la opinión y la voluntad política, situando a la democracia en el plano de la producción legislativa. Para ello, Habermas sopesa las características de los Estados democráticos, e identifica la democracia deliberativa con la toma colectiva de decisiones con la participación de todos los que han de ser afectados por la decisión o por sus representantes, constituyendo un proceso dotado de racionalidad e imparcialidad.

4. DETRACTORES

Si bien muchos teóricos contemporáneos se muestran a favor de la democracia deliberativa y sus instituciones como única vía de mejorar de la calidad democrática, existen ciertas posturas que critican la democracia deliberativa o la consideran adecuada únicamente para comunidades con características sociales concretas. Algunos de sus detractores afirman que la ilimitada capacidad decisoria de los jurados de ciudadanos como muestra de sus preferencias puede ir contra otros colectivos, es decir, que determinadas decisiones pueden ser extremistas o perjudiciales para algunas minorías. Está claro que en estas situaciones deben seguirse unas normas y pautas que impidan cualquier tipo de discriminación que atente contra la igualdad como pilar fundamental de los Estados de Derecho, como es el caso de España. Habermas, filósofo clave en el análisis de la democracia deliberativa y firme defensor de la mejora de la calidad democrática mediante la acción comunicativa, matiza que la democracia deliberativa está diseñada para realizarse en ámbitos pequeños que afectan a un número determinado de personas, y su alcance no llega a la solución de cualquier tipo de problemas que pudieran surgir. Przeworski afirma que el Estado-nación moderno implica una extensión territorial o masa poblacional que no pueden ser abarcados por los alcances de la democracia deliberativa, coincidiendo en gran medida, a este respecto, con Habermas.

Una de las detractoras más firmes de la democracia deliberativa y de sus instituciones es la politóloga norteamericana Susan C. Stokes, que encarna el epítome del escepticismo hacia la deliberación y sus efectos. Stokes denomina “patologías de la deliberación” a los casos y efectos en los que decisiones deliberativas conllevan resultados perjudiciales para los deseos de la colectividad, generando implicaciones contraproducentes para la consecución del bien común. En otras palabras, la politóloga norteamericana analiza contextos en los que la deliberación produce resultados que ella considera perversos desde la teoría democrática.

Así, en primer lugar habla de las preferencias inducidas, considerando que la comunicación pública en las democracias induce a la manipulación, es decir, que genera creencias causales que son engañosas y que favorecen los intereses del emisor del mensaje (élites políticas que controlan los medios de comunicación). Estas preferencias inducidas conforman, para Stokes, la “patología potencial del proceso democrático”. Explica, además, que el sentimiento que tiene el sujeto sobre su propia capacidad se ve modificado negativamente al verse obligado a la deliberación en los procesos de toma de decisiones, con la consecuencia de que el sujeto adquiere una percepción de sí mismo que va en contra de sus reales necesidades e intereses.

No obstante, parece evidente que la ciudadanía es capaz de distinguir las fuentes de información y considerar acerca de su veracidad. Si se afirma que la comunicación pública manipula a los ciudadanos, irremediablemente cuestionamos la capacidad de los ciudadanos y justificamos el elitismo democrático, apartando, nuevamente, a los individuos, como sujetos sociales, de los procesos políticos que les afectan directamente. La existencia de preferencias inducidas que Stokes sostiene podría aplicarse, de igual modo, al acto de votar, considerando el individuo por la manipulación mediática que no tiene capacidad suficiente de elegir a un representante que realmente favorezca los intereses comunes. Por tanto, si aplicamos esta idea, nos vemos inevitablemente avocados a los sistemas autoritarios, oligárquicos, totalitarios, etc., que van completamente en contra del principio básico de igualdad inherente a los Estados democráticos.

Por otro lado, Stokes defiende que la comunicación pública puede cambiar no sólo las preferencias, sino incluso la identidad, siendo las fuerzas de élite quienes construyen deliberadamente las identidades. Añade que las identidades o “pseudoidentidades” son narraciones abstractas relacionadas con una categoría de personas, esto es, relatos elaborados para la consecución de determinados fines políticos y que son creídos por los individuos de los que trata la narración. Estos individuos, de acuerdo a sus propias experiencias, creerían un relato diferente, pero se ven manipulados por la atracción de los discursos de las élites. Para Stokes, la deliberación puede sustituir las preferencias reales de los ciudadanos por preferencias que los políticos, influidos por grupos de presión y por la prensa, les atribuyen equivocadamente.

Los problemas de la democracia deliberativa que la politóloga observa podrían ser reales si no se hubieran propuesto mecanismos para la mejora real de la calidad democrática que suponen las instituciones de la democracia deliberativa. La convocatoria de los jurados de ciudadanos aísla la intervención de las élites políticas en la toma de decisiones respecto a cuestiones concretas, dándose la necesidad de un carácter vinculante en decisiones tomadas por los jurados y desapareciendo la negatividad que el sujeto tiene sobre sus propias capacidades gracias al apoyo de peritos expertos.

Por último, Stokes considera que si el debate de élites, sobre todo el partidista, moldea las preferencias de los ciudadanos, entonces se requieren partidos que cubran con mayor amplitud el espectro de preferencias que permita a los ciudadanos adherirse a unas u otras con una existencia de mayor variedad. Por ello, Stokes contempla la conveniencia de la ruptura del bipartidismo estadounidense a favor del multipartidismo que luche contra la “patología deliberativa”. Empero, en España, y en gran cantidad de países europeos y otros Estados modernos, el panorama político general es el del multipartidismo, por lo que no pueden aplicarse estos defectos a nuestros sistemas democráticos.

5. VÉASE TAMBIÉN

• Calidad democrática
• Democracia representativa
• Jurados ciudadanos
• Jürgen Habermas
• Participación política
• Teorías de la democracia

6. REFERENCIAS

HELD, David. (2007). Modelos de democracia. Madrid: Alianza Editorial S.A.. Tercera edición.
DEL ÁGUILA y VALLESPÍN, Rafael y Fernando. (1998). La democracia en sus textos. Madrid: Alianza Editorial S.A.
ELSTER, Jon. (2001). La democracia deliberativa. Barcelona: Editorial Gedisa. Primera edición.
SORIANO y TROCELLO, Ramón y Gloria. (2001). Calidad democrática e instituciones políticas. Sevilla: Aconcagua libros. Política y Sociedad, Nº 4.
HABERMAS, Jürgen: Derechos humanos y soberanía popular. Las versiones liberal y republicana. Disponible en: DEL ÁGUILA TEJERINA, Rafael. (1998). La democracia en sus textos. Madrid: Alianza Editorial S.A.. pp. 267-280
VELASCO, Juan Carlos. (2009).Democracia y deliberación pública. Disponible en Confluencia XXI, nº6, p. 75.

Autores:

Lorena Caracuel
Carlos Pardo
Pilar Suárez

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